La evolución de la cardiología pediátrica
Hablar hoy de cardiología pediátrica es hablar de éxito, de supervivencia y de calidad de vida. Pero no siempre ha sido así. Hace solo unas décadas, el diagnóstico y el tratamiento de las cardiopatías congénitas eran extremadamente limitados, y muchas de estas enfermedades se consideraban incurables.
El Dr. Miquel Rissech, uno de los pioneros de la cardiología pediátrica en Catalunya, ha vivido en primera persona esta evolución extraordinaria.
Los inicios de la cardiología pediátrica
Cuando el Dr. Rissech empezó a ejercer, en el año 1974, las herramientas de diagnóstico eran muy escasas. La clínica era fundamental: el fonendoscopio era la principal herramienta del cardiólogo pediátrico, acompañado del electrocardiograma. El cateterismo cardíaco también existía, pero estaba pensado para adultos y usaba contrastes que, en niños y niñas, podían resultar tóxicos. Y, en algunos casos, el riesgo del procedimiento era tan alto que el niño no superaba la prueba.
Además, todo el entorno necesario para tratar estas cardiopatías —cirugía cardíaca, anestesia pediátrica, cuidados intensivos especializados y enfermería— aún no estaba demasiado desarrollado. Muchas veces se podía llegar al diagnóstico, pero no se disponía de una solución terapéutica. Muchas cardiopatías se consideraban “no operables” por su complejidad.
En aquel momento, en Catalunya solo había una unidad de cirugía cardíaca pediátrica, situada en el Hospital Vall d’Hebron. Otros hospitales, como Sant Joan de Déu, hacían el diagnóstico i derivaban los casos. Con el tiempo, pero, algunos centros empezaron a buscar soluciones quirúrgicas propias, iniciando primero cirugías sencillas y avanzando progresivamente hacia casos más complejos.
La llegada de la ecocardiografía: un antes y un después
Uno de los grandes puntos de inflexión fue la llegada de la ecocardiografía. Las primeras ecografías cardíacas eran muy básicas (en modo M), pero permitieron empezar a ver la estructura del corazón y empezar a trabajar con contrastes con la inyección de suero fisiológico para observar el recorrido de las burbujas dentro del corazón.
¿Con qué recursos se contaba?
Los recursos iniciales eran limitados. Muchas máquinas, como las de extracorpórea, provenían del ámbito del adulto. Aún así, la mejora del diagnóstico permitió llegar a la cirugía con mejores condiciones.
Otro elemento clave fue el trabajo conjunto de muchos profesionales: cardiólogos, cirujanos, anestesistas, intensivistas y enfermería especializada. Este trabajo en equipo hizo posible abordar no solo cardiopatías “simples”, como una comunicación interauricular, sino también cardiopatías muy complejas, como el ventrículo único.
La colaboración internacional también tuvo un papel fundamental. Profesionales de los Estados Unidos e Inglaterra compartieron conocimientos, vinieron a operar y formaron equipos locales, permitiendo que los cirujanos catalanes aprendieran técnicas nuevas que después aplicaron con éxito aquí.
De la década de los 70 a los 90
Los años 70-80 fueron el inicio de la ecocardiografía, hecho que con la ecografía bidimensional, combinada después con la ecocardiografía Doppler y, más adelante, con el color, revolucionaron completamente el diagnóstico de las cardiopatías congénitas.
El diagnóstico prenatal mejoró de forma significativa y los niños y las niñas llegaban antes y en mejores condiciones al tratamiento. Esto hizo que las soluciones quirúrgicas fueran más eficaces y con mejores resultados.
También se produjo un cambio importante en el cateterismo cardíaco, que pasó de ser solo diagnóstico a tener un papel terapéutico. Se empezaron a hacer procedimientos como valvuloplastias, angioplastias, cierres de conductos o comunicaciones, y la colocación de stents. Todo esto transformó completamente el tratamiento de muchas cardiopatías congénitas.
Paralelamente, en Barcelona se consolidaros dos unidades de cirugía cardíaca pediátrica, hecho que elevó el nivel asistencial y generó una competencia sana que benefició directamente los pacientes.
Los niños y las niñas crecen: nacen las unidades de adultos con cardiopatía congénita
Con el aumento de la supervivencia, muchos niños y niñas con cardiopatías congénitas llegaron a la edad adulta. Esto generó una nueva necesidad: unidades especializadas en cardiopatías congénitas del adulto.
¿Qué es lo que no se tendría que perder?
Antes, los médicos tenían que observar mucho más al paciente, porqué tenían menos elementos para poder hacer el diagnóstico. La clínica era esencial, y aún hoy continua siéndolo. Aunque hay avances tecnológicos, mirar, escuchar y entender el paciente sigue siendo una parte clave de la medicina.
Una trayectoria marcada por el compromiso y la satisfacción
Después de todo una vida dedicada a la cardiología pediátrica, el Dr. Rissech afirma que esta trayectoria se lo ha dado todo: “el hecho de haber podido hacer todas estas innovaciones y habiendo podido participar durante todos estos años, ha sido una satisfacción muy importante, no tan solo para mi, sino para todos los que trabajábamos en este tema.”
Ver familias que han podido hacer una vida normal gracias a los avances médicos es una gran recompensa. Y también está el récor de los casos en que no se pudo hacer más, asumiendo que esta es, también, una parte inevitable de la medicina.
Hoy, con diagnósticos cada vez más precarios y tratamientos cada vez más precisos, la perspectiva de las cardiopatías congénitas ha cambiado radicalmente. Y este progreso es fruto de décadas de esfuerzo, innovación y compromiso de profesionales que, como el Dr. Rissech, abrieron camino cuando todo estaba por hacer.
* Este artículo está redactado a partir de la entrevista al Dr. Rissech, uno de los cuatro pioneros de la cardiología pediátrica de Catalunya (marzo 2025)
Puedes ver la entrevista aquí:
https://www.youtube.com/watch?v=UuLo7Ldbk-w